Blockchain y Criptomonedas: Entendiendo mejor estas tecnologías

Blockchain es un término que se encuentra en el lenguaje digital desde hace relativamente poco, hace referencia a un sistema de almacenamiento, procesamiento e interacción descentralizado. 

Para entender esto, se debe de tener en cuenta que la forma tradicional y dominante para realizar los procesos de interacción digital en el ciberespacio (pagos, aplicaciones, mensajería, correo electrónico, seguridad), se encuentran mediadas y reguladas por actores centrales desde un servidor que permite los usuarios realizar la acción ordenada, hasta un banco que regula los flujo monetarios que van de un lado a otro y que deben de pasar por ese mismo, para ser aprobados.

Esta centralización de la información, de los protocolos y de los procesos, atienden a un sistema de relaciones sociales, económicas y políticas verticales, en donde una institución en vinculación con sus inteligencias artificiales y mecanismos son los administradores de la vida humana y sus relaciones digitales. 

En este sentido, el contrato social digital es inexistente en estas formas de relación, pues el usuario se encuentra siendo intervenido por fuerzas que no conoce, interpelado por ellas y sus acciones quedan condicionadas y determinadas por estas centralidades. 

Actores centrales, regular, intervenir, inteligencias artificiales

Esta forma de accionar propia de un sistema capitalista fundado en relaciones económicas y políticas asimétricas está siendo aplicada a una interfaz digital en donde otras formas de relación social y política tienen lugar.

El sistema de cadena de bloques o Blockchain funciona de manera descentralizada, es decir, aplica funciones que normalmente se encuentran mediadas y reguladas por actores centrales de una forma anárquica (en el sentido en el que la regulación de dichas acciones carece de figuras centrales).

Blockchain es una tecnología descentralizada a través del cuál se dio origen a las criptomonedas, la primera de ellas fue Bitcoin, creada por Satoshi Nakamoto de la que actualmente muchas personas son partícipes y conforman un ecosistema de moneda endémica digital. 

Blockchain es un protocolo que permite descentralizar las acciones programadas y distribuirlas a través de quienes toman parte en un entorno de relaciones digitales de esta naturaleza, así las relaciones e interacciones quedan descentralizadas. 

La confianza ciega en un actor mediador deja de ser necesaria en tanto que quienes toman parte de estas relaciones son solo A en relación directa con B, sin necesidad de una mediación de C. 

Sin embargo, esta carencia de centralidad no se traduce en una carencia de seguridad y de confianza, pues según el código informático la información que pasa en este sistema de bloque de cadenas de un lado a otro, se aprueba por acción conjunta de los partícipes de la Blockchain en una red de decisión distribuida. 

El principio es “un CPU un voto”, así el que una transacción se realice, queda registrada por quienes toman parte de la interfaz Blockchain y también aprobada como una acción posible en caso de que lo sea, o una negada en el debido caso en el que no lo sea, imposibilitando los movimientos dobles, o los fraudes en ellos (en teoría). 

Además de que un atractivo, es el anonimato del usuario, en el que su información personal no queda comprometida, esto puede tener una doble lectura, por un lado y lo más comunicado, es que esto da pauta a que las criptomonedas sean utilizadas para negocios ilegales, particularmente el crimen organizado, para financiar ciertas actividades. 

Seguridad, confianza, negocios ilegales, crimen organizado

Sin embargo, más allá de esta forma de utilización de esta tecnología, se muestra un profundo cuestionamiento y respuesta al sistema de actual transparencia y de entrega constante de datos personales a actores centrales; en un sistema anónimo y descentralizado, la transparencia personal deja de ser una opción a explotar económica y políticamente la descentralización digital del sistema, entre otras cosas, significa una respuesta a la profunda centralización digital de este en el que un contrato social anula su vigencia, a las figuras centrales pasar de ser garantes de bienestar humano a dispositivos del sistema para explotar, mercantilizar, dominar y controlar.

Por otro lado, una tecnología de cadena de bloques, impide que una vez realizado un movimiento, este se revierta, siendo de esta forma un sistema de temporalidad lineal, es decir, una cadena de bloques al recibir información y esta misma al ser validada por el grupo, queda registrada y cerrada a futuras intervenciones. 

Es así como un movimiento de dinero digital, por ejemplo, no podría ser sujeto de fraude con movimientos dobles o movimientos fantasmas, pues para hacerlo, se debería de sobrescribir la información en todos los actores que validaron el bloque. 

De ahí su nombre “Blockchain”, es debido a esta característica que múltiples voces proponen la inserción de esta tecnología en cuestiones de gasto y gestión pública y privada, pues al ser virtualmente imposible la alteración de la información que entra en la cadena de bloques. Esto sería un importante motor para la disminución de la corrupción y el desvío de recursos.

Dinero digital, Blockchain, disminución de corrupción

A pesar de que el uso más conocido de Blockchain ha sido el referente a la creación de criptomonedas y su puesta en circulación, lo cierto es que este sistema descentralizado va más allá de las monedas digitales, llegando a ser una puerta de entrada a usos más extensos como la creación de aplicaciones descentralizadas. 

Lo que cambiaría por completo las formas de relación e interacción usuario-usuario, estando estas libres de entrega no modulada de datos personales y de continuas violaciones a la privacidad y libertad, sin embargo, esto también abre la puerta a que actividades ilícitas encuentren en esto un espacio paradójicamente seguro para ellas.

Han existido intentos por regular y “domesticar” a las criptomonedas, así como también de recentralizar de alguna forma a una estructura cuya naturaleza es descentralizada. El que una criptomoneda o token se encuentre descentralizado, no significa que en su dimensión material no pueda ser oficializada, o que las prácticas de los usuarios no estén reguladas y que estos mismo usuarios no tengan derechos y obligaciones en el espacio de construcción del sujeto de derecho.

Sin embargo, esta regulación y legislación se vuelve particularmente difícil de aplicar ante el anonimato y una estructura que choca directamente con formas jerarquizadas de ejercer el poder en la dimensión material. 

De igual forma, la descentralización digital no implica una extinción de monopolios existentes ni a corto ni a mediano plazo, pues estos mismos han probado que pueden encontrar su lugar en esta nueva clase de entornos y obtener provecho de ellos. 

Es así como las criptomonedas como Bitcoin y tokens como Ethereum, se hacen atractivos negocios para diversos actores ya existentes y poderosos.

Blockchain, criptomonedas, recentralizar

Blockchain es una tecnología que democratiza, sin embargo, en estos sistemas sigue existiendo un factor de desigualdad, pues a pesar de que el principio se remite al de ser “un CPU, un voto”, lo cierto es que actualmente se desarrollan “granjas o minas” de computadores que se encuentran constantemente desarrollando procesos para crear y cerrar las cadenas de bloques con la información (minando). 

Así, esta descentralización termina por depender por la materialidad económica del usuario, corporativos que posean una mayor capacidad de almacenamiento y procesamiento gracias a la cantidad de CPU´s que se encuentran minando en sus espacios. 

Son los mismos que juegan con una importante ventaja en estas nuevas formas tecnológicas, aún con esto, el principio bajo el cual se rige esta tecnología no deja de ser novedoso para los nuevos desarrollos y no deja de ser una alternativa real a la centralización totalitaria de la que muchas veces el usuario es parte de forma pasiva, siendo producido por estos centros de forma activa, es decir, una subjetividad producida de forma activa por las tecnologías centralizadas tradicionales.

Las criptomonedas se encuentran en el centro de los debates políticos y económicos contemporáneos, las críticas más importantes se podrían dividir en tres:

  • El auge de las criptomonedas y su valor ascendente es una burbuja económica que eventualmente explotará, en otras palabras, son un fraude.
  • El daño ambiental que provoca la minería para generar criptomonedas es un elemento a poner sobre la mesa, pues para la creación de criptomonedas a través de la minería, consume enormes cantidades de energía eléctrica.
  • Las criptomonedas al no estar reguladas por una entidad monetaria ni fiscal, y al estar en un limbo legal, se hacen atractivas para ser activos de negocios ilícitos.

A pesar de que las tres críticas anteriores se encuentran fundadas en razones, lo cierto es que estas tres críticas se podrían hacer a cualquier forma económica “legalizada”, una de las razones por las que estas tecnologías generan polémica, es que su descentralización ocasiona un choque axiológico en un mundo jerarquizado. 

Además de que, como cualquier tecnología disruptiva, los debates y posicionamientos a favor y en contra de ella, se generan de forma abundante e intensa.

Fraude, negocios ilícitos, daño ambiental,

Casos particulares: Corea del Norte y El Salvador 

Corea del Norte ha sido uno de los países que más ha destacado en el escenario internacional por su continuo uso del Bitcoin como alternativa económica. Esto como respuesta a los embargos a los que el país le son aplicados por represalias económicas y políticas a su régimen adverso a los intereses del sistema internacional. 

El Bitcoin es entonces, un paliativo a estos castigos económicos a través del cual el país asiático puede evadir estos mismos, pues al Bitcoin ser una moneda digital descentralizada que proporciona anonimato. Las transacciones que con ella se hacen quedan fuera de todo registro identificable y, por ende, no existen terceros reconocibles a los cuales castigar por no respetar el embargo.

El Bitcoin en los últimos años, ha representado para Corea del Norte una alternativa viable y rentable de financiación, pues además de permitirle evadir el embargo, a la fecha no existen mecanismos para prevenir que el país deje de minar criptomonedas.

Por otro lado y más recientemente se encuentra el caso del El Salvador, en el que su presidente Nayib Bukele, lanzó una iniciativa al congreso de su país para oficializar el uso del Bitcoin, es decir, incorporar al Bitcoin como una moneda válida para realizar transacciones económicas, esto dentro de un país en el que solo un pequeño porcentaje de su población tiene acceso y posee una cuenta bancaria. 

La iniciativa aprobada, según Bukele, haría a El Salvador un país atractivo al turismo digital, pero también ayudaría a activar económicamente sectores que se encuentran fuera del sistema al no tener una cuenta bancaria tradicional.

Bitcoin como alternativa rentable y viable de financiación en Corea del Norte

Blockchain y sus implicaciones político-sociales

Durante los últimos años desde el “derramamiento” del internet en la vida social cotidiana, hemos visto configuraciones sociopolíticas en donde la realidad material tenía sus efectos en la realidad digital, es decir, en su generalidad, lo que acontece en el ciberespacio era una repercusión de lo que sucedía en la realidad material: Una convocatoria organizada a nivel digital a una manifestación era un efecto de un accionar político real. 

Una llamada a invertir en la bolsa en negocios que se iban a la quiebra de forma sostenida (Reddit y GameStop), era una repercusión de decisiones de inversores reales que generaban ganancias con la quiebra de negocios. 

Hoy la pregunta que salta tiene tintes profundos para la forma de entender a lo humano y lo social, y es si la realidad digital pasará a tener repercusión directa en la realidad material, invirtiendo el orden tradicional de momentos material-digital a una relación digital-material. 

La descentralización procesos en el entorno digital podría ser el germen del cuestionamiento de si es posible pensar en formas descentralizadas de organización sociopolítica; si bien esta reflexión tardará en llegar y bien podría nunca hacerlo, es una posibilidad que no debe ser descartada y que mostraría que el ciberespacio es y debe ser tratado, como un espacio productor de subjetividades, de narrativas, temporalidades y organizaciones distintas a la hegemónica. 

Un cambio de paradigma en el que el ciberespacio determine primeramente lo que acontece en la realidad, es algo que ya sucede, sin embargo, esto sucede dentro del sistema mismo, una descentralización que de un salto fenomenológico de la digitalidad a la materialidad, podría ser llamada una revolución del pensamiento mismo.

En definitiva, la creación de Blockchain y la creación a través de esta tecnología de las criptomonedas y al estar ellas total o parcialmente fuera de los marcos institucionales tradicionales (centralidad monetaria, fiscal y jurídica) se debe entender que las posibilidades sociales que abre Blockchain son de corte, por el momento, anti hegemónico y siguiendo el sentido de Deleuze.

Deberíamos hablar de Blockchain y de las criptomonedas como una línea de fuga del sistema, al no estar enmarcadas por este y al ser líquidas ante los intentos por integrarlas a los marcos existentes.

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