¡El talento no existe!

Así es mi estimado, acabas de entrar a uno de esos posts controversiales. Sé que al hablar de uno de los términos que más gustan a las personas de hoy en día estoy prácticamente metiéndome en las fauces del lobo; pero soy un fiel creyente de que el talento no existe.

No busco que comulgues con mi forma de ver las cosas, lo que sí me encantaría, es que me des la oportunidad de justificar mi punto de vista y, si tú llegas a ver algo que yo no, pónmelo abajo para poder iniciar el diálogo, ¿jalas?

Primero lo primero, comencemos por entender qué demonios es el talento. Si nos vamos con la cuatro veces heroica RAE, podemos definir el talento como “la capacidad de entender o de desempeñar algo“. Se presenta como concepto que va de la mano con la inteligencia y con la aptitud.

Es aquí donde inicia mi primer problema con el talento: afirmar entonces que si una persona no tiene talento para algo es lo mismo a decir que una persona no puede entender ciertas cosas o no puede desempeñar algunas otras. ¿Esto realmente es verdad?

Sí, sí; soy consciente de que existen personas que tienen una mayor facilidad para entender ciertos temas que otros. Te juro que no estoy peleado con eso, pero cuando lo vemos como lo que es; una facilidad. No es un tema de capacidad o de falta de inteligencia. Al momento de jugar la carta del talento nos damos el permiso de no hacer “X” cosas simplemente porque “Yo no tengo el talento para hacerlo” o porque “Son cosas que no se me dan”.

El talento, por más duro que suene, no es otra cosa más que una de las maneras en las que los seres humanos justificamos nuestra mediocridad.

Carnal, te juro que no te conozco, pero a pesar de ello, estoy seguro de que eres una persona la cual no se merece que tú mismo te sabotees. No me cabe en la cabeza que una persona en tu posición, con tus habilidades, pero más importante aún; con tus ganas de hacer las cosas, vaya a ser detenida de seguir su sueño sólo porque resulta que no tienes el talento para hacerlo. Me vas a disculpar, pero mientras siga respirando te voy a recordar a diario si es preciso que tú puedes, ¡tú siempre puedes!

Ya sé, ya sé, esto suena peligrosamente a speech motivacional chafa; hasta puedes olfatear a kilómetros de distancia que estoy a punto de venderte un coaching sobre las siete claves de cómo despertar a ese ganador que vive dentro de ti. Neta te juro que no. Sin embargo, lo que sí voy a hacer es contarte una historia de una persona muy querida para mí que, pienso, le dio la vuelta a este juego del talento.

¿Me acompañas en este viaje?

Bueno, la historia de este fulano inicia antes de siquiera haber nacido, cuando él apenas era un embrión. Un día random su madre, embarazada de él, tuvo de la nada fuertes dolores y sangrado (¡nice!). Entonces, como cualquier persona con dos dedos de frente, fue directo al médico para saber qué demonios estaba pasando. Estando ahí le hicieron los análisis de rutina y le dijeron lo que, a mi juicio, es la peor cosa que le puedes decir a una madre, más aún a una madre primeriza.

El embrión, el producto, su hijo andaba ahí nadando quitado de la pena con sus increíbles dos centímetros de altura. A su lado existía un tumor de ocho centímetros de diámetro y al lado de ese tumor, había otro tumor con 16 cms (¡nice! X2). Ambos tumores se alimentaban de lo mismo que este producto, así que, de continuar con el embarazo sería como tener tres productos donde sólo cabía uno (esto pintaba para ser el mejor día de su vida, ¿no?). La solución para esta madre primeriza era excesivamente sencilla, abortar a su hijo y en el proceso extirpar a los tumores.

Cierto, olvidé comentarte una cosa. Está mujer es la persona más badass que vayas a conocer en tu vida. No me voy a centrar mucho en todo lo que sucedió, solo dejémoslo en que se mostró como un verdadero ejemplo de valentía; siguió adelante con el embarazo y en unos meses y 14 horas de parto después, había nacido su tan ansiado hijo. Pero, ey, esto aún no acaba. Tras los análisis que se realizan a los recién nacidos se determinó que el infante tenía dos temas a considerar:

  1. Su coordinación no era la mejor (prácticamente no tendría coordinación).
  2. En cuanto a su inteligencia, bueno, él siempre sería algo lento.

Así es, esos exámenes de rutina habían sido reprobados (sus primeros extraordinarios a las pocas horas de haber nacido). O sea, tenemos a un niño que no resaltaría nunca ni de forma física, ni intelectual, o lo que es lo mismo, alguien sin talento.

Los más avispados seguro ya entendieron a dónde va todo esto, así es, esta es mi historia. Desde niño tuve esos mensajes de que no tenía talento. Te lo juro, yo era un pésimo estudiante, mis notas apuntaban a que mi futuro sería todo menos prometedor. Y respecto a mi coordinación… yo era incluso incapaz de correr como un niño normal. Lo sé, toda una joya.

Y entonces, ¿qué pasó? Fácil, desde edad muy temprana me inculcaron algo que hasta la fecha resuena en mi cabeza cada vez que me enfrento a una dificultad. Se me dijo hasta el cansancio lo siguiente: “No hay nada que te propongas que no puedas lograr”. ¿Cliché? Puede ser, ¿Cursi? Mmmm, diría que sí, ¿Poderoso? Como no tienes idea.

Gracias a que mis seres queridos, principalmente mis padres, me repitieron esta frase más de 100 veces, es que yo, una persona que según los médicos no es inteligente y tiene una pobre coordinación motriz, fue capaz de graduarse de una de las escuelas más exigentes para la carrera que elegí (dicho sea de paso, pude alcanzar la mención honorifica al finalizar mis estudios). Conseguí en su momento ganar un estatal de natación y, hoy en día, dirigir mi propia empresa.

Todo esto no fue gracias a que soy una persona extraordinaria ni mucho menos, fue porque desde niño me enseñaron, si tú quieres de forma indirecta, que el talento no existe. Según los parámetros del talento, yo no podría haber logrado nada de lo que te platiqué, sería una persona que estaría buscando el mínimo indispensable excusado bajo la idea de que “No es mi culpa, es que yo no tengo talento para esto” en lugar de responsabilizarme y encargarme de que si yo no había nacido con alguna habilidad, no hay bronca, la voy a desarrollar.

La única cosa con la que te quiero dejar es que, nuevamente; el talento no existe. Tú tienes todo lo necesario para lograr alcanzar ese gran sueño. No te escudes en el talento; saca la casta, prepárate todos los días y vuélvete una mejor versión de la que eras el día de ayer. Como te platiqué, no soy una persona que nació con talento, así que no tengo idea de qué se siente lograr tus metas gracias a esos dones con los que naces. Lo que sí se es que:

el camino que te propongo es muy duro, en ocasiones querrás dejarlo y tendrás que comprometerte fuertemente con tu sueño; pero una vez que lo logras, te lo juro, ¡se siente con madre!

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Senior marketer con experiencia manejando pautas mensuales de $4M MXN. CEO de Aliat Agency, agencias especializada en estrategias de Inbound y Growth Marketing. Profesional especializado en estrategias de performance.