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Amar es dejar aparecer al otro

El biólogo Humberto Maturana, ampliamente reconocido a nivel mundial, tiene una gran cantidad de investigaciones sobre los seres humanos, donde cuestiona nuestra racionalidad y la forma en qué concebimos la realidad, y sobre todo, cómo esto afecta nuestra visión de la vida y el amor, tema de este artículo. Pero no por ello, podría dejar de mencionar que el legado y fama del Dr. Maturana es principalmente por la creación del término autopoiesis, que estableció en el mundo científico la definición del fenómeno de la vida.

La realidad existe únicamente si la percibimos

Para Maturana desde la biología un organismo es incapaz de distinguir la realidad, por lo que necesitará de un contexto que se las explique. Si esto es así, lo que conocemos como “realidad objetiva” no existe y las conexiones neuronales que hago para entender y dar valor a mi particular mundo; no sería otra cosa que el mundo que se estableció de acuerdo con la cultura de la que soy parte. Por lo que mis preferencias que parecen tan personales y las premisas que acepto, no son “la realidad”. Al menos no una objetiva.

Incluso aquello que nombramos son acuerdos a premisas establecidas en algún punto del tiempo. Por ejemplo, si yo invento una nueva palabra en una comunidad, digamos en un salón de niños, para indicarles que esa palabra significa para nosotros “guardar silencio” y todos la aceptan y la usan, en nuestra realidad, esa palabra cobra significado. Existe un acuerdo lógico creado desde la emoción. No es una realidad universal, pero es una para los miembros de ese grupo. Así para Maturana, no existe una realidad universal, sino que “existen dominios, acuerdos, sistemas de explicaciones para nuestras experiencias”.

¿Y qué pasa si esto lo aplicamos al amor? ¿Es también una creencia compartida? ¿Debo conocer a alguien que acepte mi realidad de lo que es amar para poder amar? ¿Cómo es que se deja aparecer el amor?

Los estudios de Maturana demuestran cómo las emociones, la cultura y el amor están vinculados a respuestas biológicas que como organismos vivos tenemos, pero que validamos racionalmente. Porque ahí radica el problema, creemos que somos seres racionales en una realidad objetiva. Y no somos seres racionales. Somos seres emocionales que validamos racionalmente nuestras emociones como organismos, a través de experiencias subjetivas.

Según Maturana, “uno no ve lo que hay, uno ve lo que ve y tiene que ver con uno. Entonces el ver depende cómo uno está mirando, qué puede aparecer en la coherencia del vivir en el cual uno se encuentra (…) Y para que aparezca tiene que dejar que aparezca, tiene que estar en la disposición de que algo va a aparecer y que uno no va a interponer un juicio, un prejuicio, un supuesto, una exigencia” Ese acto, es el acto amoroso.

Fotografía: Fiis “Maturana y el Dalai Lama”.

La biología del amar

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“Cuando hablo de amor hablo de un fenómeno biológico, hablo de la emoción que especifica el dominio de acciones en las cuales los sistemas vivientes coordinan sus acciones de un modo que trae como consecuencia la aceptación mutua”, dice Maturana.

El amor es la aceptación del otro. Suena simple, la diferencia es que si esto lo vemos desde los sustentos biológicos, influenciados por aspectos sociales y culturales, entendemos mejor nuestra posición de lo que vivimos por amor en nuestra vida cotidiana. No sólo en pareja, sino con todas las relaciones sociales, tu jefe, el vecino… todo aquel que no seas tú, pues: “el amor, es la emoción donde el otro tienen una existencia legítima”.

En otras palabras, el amor, es no negar la realidad del otro y a la par el otro también aceptar mi realidad. Esa subjetiva de la que hablamos anteriormente.

Y quizá reflexionando desde este punto, puedo mejorar mis conductas relacionales: amor, odio, ira, ternura o agresión, todas son emociones que las convertiré en acciones, pero sé que puedo elegir las mejores de ellas y permitirme existir como simple ser humano y aceptar a mis semejantes de la misma forma. Personas unidas por la praxis del vivir.

Así esto hace posible la evolución humana, al relacionarme produzco el “fenómeno social”, pues con esta emoción yo valido al otro, no importa si la realidad que muestra es generosa, bondadosa, etc., la acepto como la “realidad”, no la ataco, no la agredo, eso es el amor. Y agregaría la paz. De ahí la frase: “amar es dejar aparecer al otro en su legitimidad”.

Lo contrario no. Por ejemplo, cuando humillo a alguien más por digamos desconocer algo culturalmente difundido, le estoy negando su validez de existencia. Negar la existencia del otro, impide la evolución y genera conflictos innecesarios con quién es, al igual que nosotros, una creación de la vida. Biológicamente, un ser humano.

“Amar es nuestra constitución biológica, todos queremos ser vistos, escuchados, tener presencia, el amar es abrir el espacio para que el otro o la otra tenga presencia”. Ximena Dávila.

El amor romántico, un lastre

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Esto no lo dice Maturana, pero después de entender que amar es aceptar al otro, cabe mencionar que la realidad que nos vendieron desde un sistema capitalista y patriarcal donde las historias románticas son el amor a primera vista, príncipes azules, princesas, humanos conociendo al único y verdadero amor de su vida, las almas gemelas que se persiguen vida tras vida, etc., es para mí, el antiamor. Y no tiene nada que ver con dejar aparecer al otro.

Pues el amor romántico es justamente lo contrario y está avalado por prácticas sumamente desiguales en donde nos cegamos y en lugar de aceptar, queremos cambiar al otro, controlar al otro.

Donde se dictan normas de convivencia donde cada uno cumple un rol en una pareja monogámica y heterosexual, y debe cumplir con mandatos sociales (sus realidades) tales como casarte, tener hijos y todo aquello que la realidad social en la que vivas te indique como amor. También en ciertos círculos puede ser lo contrario, mal visto casarte, mal visto tener hijos. Ven, el control y señalamiento por la vida del otro, el antiamor.

Esto es todo lo contrario a las premisas de Maturana, pues quién se puede ver, conocer y aceptar bajo ideas como: “si me ama va a cambiar”, “el amor todo lo puede”, “cuando nos casemos cambiará”, “sino te cela, no te quiere”, estas y otras populares frases que seguro has escuchado, es lo que vemos en las sociedades capitalistas patriarcales, como la del país en donde vivimos, y que según la escritora bell hooks,  “promueven un tipo de amor dominante, competitivo y un tipo de relación posesiva”.

Como en todo, tenemos las dos caras de una misma moneda. Toca hacernos consientes y elegir. Si nuestros cerebros no pueden distinguir biológicamente lo que es la realidad, ¿no nos convendría forjarnos una amena, amigable, buena para mí y los demás? Hacernos más humanos con los humanos, parar de una vez el señalamiento y la crítica y simplemente, de acuerdo complejamente, amar todo, amar a todos.

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Graciela Sandoval
Literatura. Naturaleza. Meditación. Viajes. Música. Tortugas. Feminista. Prefiero los puntos que las comas. Tengo ganas de hacer una maestría. Lo demás, me parece lo de menos.
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