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Anti-Rituales para este 2021

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Unas amigas, en dos diferentes momentos, me preguntaron si conocía de rituales para “despedir el año”. Mi respuesta fue “no soy (o ya no soy) una persona de rituales”. Creo que lo importante es el desapego y así todos los días “dejas ir lo viejo”.

No necesitas juntar todo para el 31 de enero: el trabajo en el que no te llamaron, el nuevo novio que no llegó, el dinero que no alcanzó, ni una sola ida al gimnasio, los propósitos del final del 2019 que no se cumplieron. Y esperar a que el siguiente año, al hacer una nueva lista y sólo por cambiar de calendario, ahora sí mágicamente suceda. Así como en el 2019, no sabíamos nada de lo que pasaría en 2020, de verdad, aceptemos que no hay idea de lo que traerá el 2021.

Así que el primer ritual o hábito que recomiendo es que cada día agradezcas lo que sí tienes y no te aferres caprichosamente a lo que “no se dio”.

Sin embargo,

Los rituales funcionan

De acuerdo con el trabajo de investigación de Pedro Gómez, de la Universidad de Granada: “es el pensamiento (simbólico e imaginario), enviscado en la trama de la actuación ritual, el que canaliza la afectividad, en la medida en que es el que estructura, articula, jerarquiza, impone formas y gestos y ritmos. Así atraviesa la pantalla del pensamiento reflexivo de los actuantes y alcanza hasta el inconsciente. No es raro que se consiga la cohesión, la catarsis, la salud”.

En otras palabras, hacer un rito para pasar a una siguiente etapa está tan lleno de simbolismos al realizarlo, que definitivamente enviamos una clara señal a nuestro consciente de que queremos eso que pedimos. La señal nos la enviamos a nosotros mismos y de esta manera nos comprometemos mejor a cumplirla.

Comer 12 uvas pidiendo 12 deseos, es de los rituales más tradicionales que conozco. En realidad, es divertido. Además, al hacerlos acompañados creamos una identidad de bienestar común. Creamos una ola de “buena onda” con la gente que recibimos el año, y tener con nosotros esa energía positiva para terminar un año, claro que nos hace sentir realmente bien.

Otro que encuentro común, y me parece por demás saludable, es el de limpiar la casa de manera profunda, tirar lo que no usamos o mover de su sitio lo muebles al estilo del Feng Shui.

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Y uno más, que sí practico, pero sobre todo porque me gusta escribir y siento que mi mente es más clara con listas y viñetas, es escribir una lista con deseos, peticiones o propósitos para el año nuevo.

Pero, pensándolo bien; ¿Por qué los propósitos tienen fecha de caducidad para un año? ¿Por qué usar un día para reflexionar lo que vivimos y no reflexionamos mejor todos los días antes de dormir?, ¿Para qué, en primer lugar, acumulamos en casa cosas que no usamos?

Hagamos rituales cotidianos para 2021

Sería hipócrita decirles que soy la persona más saludable. Pero tampoco estaría bien aconsejarles algo que no hago, así que les cuento los hábitos que me parecen recomendables porque los realizo y reconozco su efecto positivo, aunque sé que me falta mucho camino y que habrás de completar tu rutina con recomendaciones de otras personas más saludables que yo. Esta es mi experiencia:

  • Al despertar hago unas respiraciones profundas antes de sentarme en la cama. Ya que tengo bien abiertos los ojos, aún sin levantarme, pero ya sentada en la cama, hago respiraciones de fosas alternadas. Esto ayuda a oxigenar el cerebro.
  • Después tomo un vaso grande de agua natural (que previamente coloco en la mesa de noche antes de dormir). Imagínate, pasamos más o menos 8 horas sin tomar agua, el cuerpo está deshidrato al despertar.
  • En ayunas, tomo una taza de agua tibia con limón. A recomendación de mi dermatóloga. Pues esto ayuda a fortalecer el sistema inmunitario y limpia la piel, entre otros beneficios.
  • Llevo un diario. No escribo siempre, ni aquí ni en mi diario, aunque debería y es un propósito incumplido desde hace mucho tiempo. Pero es una buena terapia escribir y no sólo al final del año, sino cuando la situación lo amerite; algo bueno que pasó o algo malo, una situación que no entiendes y estás descifrando. Tener escrito qué quieres, que ya no quieres y cómo vas en ello, te puede llevar a una mejor compresión de tu persona. Es observarte y quién mejor que tú misma para llevar ese tipo de análisis.
  • Caminata ligera. No soy una gran atleta, es verdad, pero no es necesario. Algo que parece tan simple como caminar por lo menos 30 minutos al día, trae múltiples y estudiados beneficios a la salud, tales como prevenir las enfermedades cardiacas, fortalecer los músculos, mejora el ánimo, ayuda a los huesos, circulación y al equilibrio.  
  • Meditar. Antes de dormir, hago diferentes tipos de meditación. Dependiendo del día y del humor, pero por lo menos desde hace tres años, la practico en esa última hora de mi día. Y deberán encontrar las que mejor les sirva, pero les aseguro que con ello, dormirán tranquilos y descansarán mejor.
  • Leer. Sé que no todas las personas tienen el tiempo o la concentración, pero tampoco lo necesitas. Recomiendo que lo intentes, si esa historia no te atrapa, déjala y busca otra hasta que des con la que te gusta. Intenta con todo, tal vez, no eres una persona de novelas y aún no sabes que te encanta la poesía o los cuentos cortos. El mundo de los libros es tan amplio; con tantos géneros y subgéneros literarios, que podrías ser un gran amante de la ciencia ficción, de la narrativa romántica o de las fábulas y todavía no te das cuenta. Es como la meditación, encuentra la propia. Los beneficios de ser lector son muchos, mejora la memoria, previene el Alzheimer, reduce el estrés, estimula al cerebro, entre otras. Sobre el tema del tiempo, una vez que te enganches con los libros, créeme, lo encontrarás.

Y durante el día, de manera general, limito mi tiempo en redes sociales. Está es muy amplia y va por partes:

Jamás, jamás, veo el celular por lo menos los primeros 30 minutos de haber despertado. Si puedo, más. Esto lo hago para evitar que lo primero que entre a mi cerebro, cuando apenas estoy “entendiendo que ya es un nuevo día” sea información de quién sabe qué y de quién sabe dónde. Es decir, elijo la primera información que mi cerebro va a recibir. Por lo que antes de salir de casa, o comenzar a trabajar ahora que estoy en Home Office, leo una página o dos del libro en turno o simplemente pongo música.

En el transcurso del día continuo con el tiempo limitado de redes sociales. Tengo desactivadas todas las notificaciones en mi celular. Así que sin problemas, puedo pasar días enteros sin conectarme para nada. Simplemente porque descubrí que su uso me robaba tiempo de lectura (que para mí es preciado), de ejercicio y que en muchas ocasiones me ponía de mal humor. Es mi caso, pero ustedes piensen, ¿de qué les está robando tiempo las redes sociales?, ¿de verdad necesitan tanta distracción?, ¿será verdad que con ese tiempo invertido ya habrías aprendido un nuevo idioma?

Además, de manera personal, sí creo que el uso excesivo nos descoloca del momento presente y nos crea un mundo ilusorio, que está demostrado genera ansiedad. Y sin querer sonar “moralina”, nunca he sido fan de ignorar a la persona que tengo enfrente, por responder a la persona que tengo en línea. O por ver ese vídeo tan precioso del gatito mientras alguien me habla, o sí, aunque suene poético, o mientras un atardecer sucede.

Por último,

¿Cómo sé que ya son hábitos? Porque llevo años (cada uno con su diferente tiempo) haciéndolo de manera constante, diario o casi a diario, es decir, ya se convirtieron en rutina y claro, si se me pasa un día, o no tengo ganas, no es el fin del mundo.  

¿Cómo sé que son saludables? Porque me siento bien, física y emocionalmente.

Haciendo esto, más las rutinas que mejor se te acomoden de acuerdo a tu personalidad, creo que estarás más enfocado en tu vida y te permitirá ir trabajado en tus metas personales. A pesar de las predicciones anuales del horóscopo chino e infinidad de rituales para recibir el 2021, no veo necesidad de esperar ahora al 31 de diciembre del 2021, para otra vez, creer que el próximo año, será nuestro año. E iniciar con decepción el 2022.

Creo que nuestra suerte nos la fabricamos nosotros mismos con nuestras acciones y actitudes. A causa de nuestra maldad o bondad, humildad o soberbia. Disciplina o flojera. Haber dicho sí o un no. Y un sinfín de etcéteras. Lo que nos pasa o no, es un producto propio. No me malentiendan, no soy nada escéptica, creo en el acompañamiento divino de Dios, o el nombre de la creencia espiritual de preferencia, pero sin importar en quién crees o no, es un trabajo conjunto. No vale pedir y cruzarnos de brazos a que todo nos llegue. Recordemos la frase:

“A Dios rezando y al mazo dando”.  

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