La memoria, recordando sus funciones y tipos

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Generalmente usamos la memoria como la principal herramienta para el estudio. Todos alguna vez tuvimos que forzarnos a recordar datos, operaciones o fórmulas necesarias para pasar alguna prueba o incluso acreditar un curso. Sin embargo, a pesar de que se usen los procesos repetitivos para memorizar y, por lo tanto aprender, aquí te explicamos cómo funciona esta pequeña parte de nuestra mente.

Todos sabemos que la memoria es parte vital de nuestro cerebro. Nos ayuda a recordar las mejores partes de una canción, los pendientes del mes, las tareas de la semana, o incluso los días de cumpleaños con una extraordinaria precisión. Y si alguna vez piensas que tu memoria no es tan buena, permíteme decirte lo equivocado que estás.

La neurociencia cataloga la memoria en 3 diferentes clases. Cada una de ellas se encarga de gestionar hábitos que realizamos en nuestro día a día. Hasta las más pequeñas acciones que hacemos de forma inconsciente, son registradas por nuestro cerebro.

Estas clases son:

  • Implícita
  • Explicita
  • Ejecutiva

Memoria Implícita

Si analizamos con detenimiento, encontraremos que hay cosas minúsculas que logramos ejecutar sin la necesidad del más mínimo esfuerzo. Somos capaces de caminar y correr, hablar, comer y recordar el sabor de cada alimento que hemos probado, sin importar que sea dulce o salado. Podemos incluso distinguir algunas cosas porque recordamos cómo huelen. Pues bien, a esto se le llama memoria implícita.

La memoria implícita, se crea a partir de hábitos. Se forman en circuitos neuronales de los ganglios estriados del interior del cerebro y dependen de la repetición y del esfuerzo que hacemos para recordar pequeñas cosas. Claro que este esfuerzo se hace cada vez menor mientras seguimos realizando actividades. Un ejemplo claro es caminar.

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Este tipo de memoria también nos permite reconocer físicamente a las personas, recordar cómo se ven los colores y muchos otros detalles a los que ya no prestamos demasiada atención. Otra cualidad que tiene, es ser una de las más resistentes al paso de la edad y a la neurodegeneración.

Memoria Explicita

Por otra parte, también existe la memoria explicita. Esta se forma inicialmente en el hipocampo y es la que nos permite recordar experiencias, anécdotas y recuerdos de lo que hemos vivido. A menudo se refieren a este tipo de memoria como “autobiográfica”, ya que de ella depende la mayor parte de nuestra capacidad para contar o plasmar cualquier cosa que nos haya ocurrido.

No obstante, y a diferencia de la memoria implícita, la explicita puede llegar a no ser del todo exacta. Esto se debe a que con el tiempo el hipocampo pierde conexiones neurales, sobre todo si algo no se repasa con regularidad. Cada vez que recordamos algo podemos recordarlo con muchos más o muchos menos detalles, de manera que somos capaces de incluir en el recuerdo cosas o sentimientos que no pertenecen a la situación original. Por lo que es posible que tu Ex no sea tan [email protected] como piensas. (¿o sí?).

Memoria Ejecutiva

Por último, tenemos la memoria ejecutiva, esta depende de la corteza prefrontal. Esta parte de nuestro cerebro se encarga de dirigir nuestros razonamientos y decisiones. La memoria ejecutiva o de trabajo, nos ayuda a retener información, razonar datos, hacer comparaciones simples o complejas y en un sentido más amplio, generar reflexiones profundas acerca de diversos temas. La próxima vez que ganes un debate, puedes agradecer a tu memoria ejecutiva.

Sin embargo, aún cuando la memoria ejecutiva es la más compleja, es la única que no se puede “adquirir”. Ya que este tipo de memoria al ser naturalmente reflexiva, no cuenta con un proceso exacto para ejercitarse.

A diferencia de la memoria implícita o explicita, que ambas usan procesos para recordar por más tiempo diversas actividades o circunstancias, la memoria ejecutiva funciona como una herramienta transitoria. Esta genera ideas en el instante y va más acorde a la capacidad de análisis y retención del momento.

La manera en que pensamos

La memoria influye mucho en la manera en que pensamos y solucionamos problemas. Nuestra forma de actuar a la hora de resolver desafíos, muchas veces va ligada a nuestra capacidad para memorizar y recordar.

De manera inconsciente recurrimos a procesos neurales que permiten el mayor aprovechamiento de nuestra retención: repetimos algo para no olvidarlo, nos esforzamos por recordar anécdotas, reflexionamos con profundidad para encontrar una solución y todo esto lo hacemos en cuestión de segundos gracias el poder de nuestra mente.

Encontrar la mejor forma de aprender o de crear soluciones con base en el funcionamiento de nuestra memoria, puede parecer un desafío. Pero una vez conociendo bien sus trucos, podemos llegar a generar alternativas creativas para fortalecer el aprendizaje y la retención.

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Estudiante y entusiasta de las Relaciones Publicas, la Comunicación y el Periodismo. Amante del cine, la poesía y la fotografía.