Siete maneras para transformar tu relación con el miedo

Miedo
Miedo - M T Elgassier - Unsplash
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Te cuento algo sobre mí y mis miedos: desde muy chica tengo una relación “complicada” (por no decir absurda) con la comida.

En pocas palabras aquello por lo que me siento más amenazada, es a la idea de consumir alimentos que no he probado antes, o aquellos que ya sé que simplemente“odio”.

Mi gran sensibilidad (en muchos contextos) hace que mis reacciones físicas sean inevitables, puedo llorar, retorcerme y por supuesto, lo obvio: querer arrojar de vuelta afuera, violentamente, lo que probé y no me gustó y con ello, ingerir rápido algo que sí me guste, o tomar agua para “pasar el sabor”.

Ya sé, puedes reírte…también yo lo hago (hoy). Imagíname en una cena super Fancy, rogándole al universo en silencio que no sirvan nada que me resulte amenazante. Puede parecer muy gracioso y superfluo.

Sin embargo, la vivencia interna de temer, sea a la comida, a las cucarachas, los espacios reducidos, hablar en público, ser amado (o no), perder tu estabilidad, mostrar tus talentos, fracasar, caer en la quiebra, confesar tu sexualidad, perder un ser querido, el miedo a ser insuficiente o rechazado, es en realidad, muy inmovilizadora y de alguna forma similar en todos los casos:

Los miedos son miedos

Ni grandes, ni pequeños para el que los vive. Todos ellos, aunque parece irracional, te paralizan y llenan de angustia… ¿no es así? Esa idea a la que temes, aparentemente “loca” te lleva a tomar decisiones (o dejar de tomarlas) de una forma castrante para tu vida y satisfacción.

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Parto de la idea de que el miedo, en realidad sólo existe en tu mente, en tus ideas y en las conclusiones a la que llegaste durante toda tu vida. En las historias que te contaron e incluso en la educación y valores que manejan tu vida.

El miedo es un arma de doble filo

Es parte de tu sistema de supervivencia, que te ha permitido ajustarte y adaptarte y también el yunque que te hunde en la insatisfacción y el estancamiento.

A veces, llega el momento en que el dolor y el peso de cargar con él, es mucho más fuerte y pesado que el miedo en sí mismo… y es ahí cuando se hace más presente, te grita a la cara: 

“haz algo conmigo, ya no puedo más”.

Te quiero compartir lo que con muchos años de trabajo interno, de estudios, de ver pacientes y de vivir (y darme golpes), he aprendido y me ha servido muchísimo respecto al miedo:

1. Existe para ayudarte

Eres tú mismo protegiéndote. El miedo es tu amigo. Hay un mecanismo del segmento de cerebro más primitivo, encargado de la supervivencia que enciende las alarmas cada vez que acerca algo “diferente” a lo usual.

Digamos que el cerebro tiene registrado un récord impecable de las experiencias y clasifica con cerco eléctrico todo aquello que un día causó (o pudo haber causado) daños físicos o emocionales en ti.

Además, no le interesa tanto tu realización personal y felicidad, sólo le interesa que sobrevivas, entonces se resiste al cambio. Cualquier temor que hayas podido tener a cualquier edad, encenderá a lo largo de tu vida todas las alarmas, los botones de pánico y frenos de mano, porque en lo desconocido hay amenaza, es normal.

Ojo, eso no significa que las cosas van a salir mal, es sólo su desconocimiento y sus ganas de mantenerte vivo. Como consejo te digo: No creas todo lo que piensas o temas, usualmente no es verdad.

2. Deja de pelearte o ignorar al miedo

Estar en su contra o hacer caso omiso, es peor. 

Cuando tienes una discusión con alguien, mientras menos le oyes o entiendes, más grita, se exalta y genera caos, ¿correcto?, entonces, tómate la molestia de escucharle, recibe el mensaje de tu miedo, préstale tu voz, deja que se exprese, y escucha sus argumentos, el contenido es invaluable, y ¿adivina qué? Está ahí porque te ama, porque te cuida.

Toda la gama de emociones es necesaria para tu cuerpo, el miedo es imprescindible. Préstale atención a la sensación, aunque decidas seguir avanzando. Aprende a negociar con el miedo.

3. Es inocente

El miedo se comporta como una criaturita inocente. Imagínalo como un niño pequeño, un perro o como hago yo, imagino un “Minion” (¡sí!, de esos amarillos, que visten bragas y lentes, locos y que no se les entiende nada).

Cuando crías a un perro, un niño, o en mi caso un Minion, y éste se asusta, necesitas agacharte, mirarle a los ojos, abrazarle, y suavizando tu voz, decirle “Aquí estoy”, “Te oigo”, “¿Qué necesitas?”, “¿Cómo puedo ayudarte?” Y ¡BOOM! Toda su energía cambia, logras mirarlo con compasión y entender que tiene las mejores intenciones. Necesita tu atención: entrégasela.

Miedo - Fear - Don't Panic

4. Aprende a reconocerlo

En la medida que estrechas tu relación con el miedo te vas entrenando en el sutil arte de atraparlo antes que explote, incluso en sus más diminutas fases. El miedo suele dar sensaciones físicas como una presión en el pecho, o dolor en el estómago, tensión en los hombros, a veces ganas de llorar, o un sinnúmero de síntomas que varían de persona en persona y dependiendo del origen del miedo.

Conviértete en un observador de ti mismo, de tu experiencia interior. Dedica tiempo a conocerte, eso implica que, en tus momentos de felicidad, de ansiedad, de tristeza y en toda tu gama de emociones, estudia que ocurre con tu cuerpo y relaciónalo con lo que está ocurriendo fuera.

 ¿Se expande? ¿Se contrae? ¿Qué sucede con tus emociones?  Una vez que comiences, y aprendas a distinguir que se acerca el miedo, dile “ahí estas, te veo”. Dale un nombre a ese miedo, puede ser sencillo definirlo, otras veces complejo. Te doy ideas: “soledad” “inseguridad” “¿Qué dirán?”, o el nombre que representa tu forma de verlo.

Regálale una identidad, de esa forma cada vez que se acerque estarás más capacitado para negociar exitosamente y aún mejor, de anticiparlo y evitar que arruine tu armonía y paz interna.

5. Es síntoma del contenido de tu inconsciente

Hay muchas teorías que sostienen que un porcentaje muy alto de todo lo que habita en tu interior (ideas, fobias, talentos, traumas, creencias, etc.) se esconde en algo a lo que llamaremos “Sombra”.

En la sombra habitan códigos, significados y detonantes de procesos muy profundos, que se exteriorizan a través de síntomas aparentemente inconexos. El miedo es sabio, funciona como traductor del contenido desconocido de esta sombra.

También se dice que lo mejor es llevar la mayor cantidad de esta sombra a la luz, es decir, a la consciencia. El miedo te permite escuchar, reflexionar y reencuadrar la forma en la que experimentas las situaciones o a las personas, pues te muestra fragmentos de esta dichosa sombra, para hacerlos visibles, darte cuenta de qué forma te saboteas, te limitas o te empujas hacia el sufrimiento. 

El miedo marca el siguiente peldaño en tu escalera evolutiva. Atiéndelo.

6. Si estas listo y tienes el valor: Enfréntalo

Posiblemente lo más aterrador que puedes intentar, y por supuesto vienes evitándolo, pero igual te lo recomiendo.

Nada que valga la pena está dentro de la zona de comodidad, comienza por distinguir su origen.

¿Cuál es la historia de ese miedo? Encuentra dónde, cuándo o cómo apareció en ti. Ve más allá de la resistencia al fingir el “No sé”.  Y por unos minutos sucumbe ante los pensamientos catastróficos de observar qué ocurre (real y profundamente contigo) si esto sucediera. Y continúa profundizando en que pasaría adicionalmente si eso ocurre, y llévalo hasta su última instancia.

En el camino encontrarás muchos datos valiosos, por ejemplo, que a veces el miedo ni siquiera era tuyo, otras veces que, si “lo peor” sucede y somos objetivos, potencialmente no sea tan destructivo, tal vez sea incluso liberador.

Quizás, si lo que más temo ocurre, es argumento suficiente para tomar decisiones diferentes o armarme del valor que no he reunido para hacer lo que no he podido y merezco.

Terapia u otras herramientas son altamente recomendadas para enfrentarlo. Te aseguro que detrás de cada miedo hay una “ganancia oculta”.

7. Entrégate a atender tu siguiente miedo

Si resuenas con la idea de que tu vida se parezca más a lo que quieres y menos a lo que“debes” y no te sirve, comprométete a convertirte en un detector de miedos: persíguelos.

Tal como te mencioné, son el siguiente peldaño para que avances. Sobreponerte enfrentando tus miedos, es liberarte de cargas. Es hacer de tus venenos, los mejores antídotos. Aprender de ellos, es maximizar tu potencial.

En la medida que sanas, conectas con renovadas perspectivas y posibilidades.  Mira el miedo a los ojos, tómalo de la mano con certeza, y permite que silenciosamente se desvanezca en la experiencia de caminar hacia todas las aventuras que la vida te invita a vivir. En cada miedo vive la posibilidad, y el mensaje divino de rebelarte a los límites autoimpuestos.

Con los años, y con el deseo de crecer como ser humano y de atreverme a olvidar todo aquello que siempre creí, me he tomado el atrevimiento de probar poco a poco y con terror (algunas veces) más y más alimentos. No te lo niego, algunos aún son desconcertantes, sin embargo, no me cierro, voy como dice la canción: “sin pausa, pero sin prisa”.

Cada día conquisto una dosis de mi cobardía en el sector de la alimentación y en todos los departamentos de mi existencia.

Acepta el reto de transformar tu relación con la vida, avanzando a nuevos niveles de “dificultad”, sometiéndote a enfrentarte contigo mismo disfrazado de miedo. Así logras el valor, el temple y las experiencias que van moldeando tu realidad en la dirección de tus expectativas y tus posibilidades.

Entonces ¿estás listo para hacer de tus miedos tu trampolín para llegar donde anhelas?

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Vivo para aprender, aprendo para compartir y crear caminos que expanden la consciencia. Desarrollador de potencial humano. Psicoterapeuta Gestalt, Coach en gestión de talento. Publicista. Activista y Game Changer. Ser humano