¿Cuántas hélices? Los problemas de México en su inmersión a la Industria 4.0

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¿Cuántas hélices? Los problemas de México en su inmersión a la Industria 4.0

La historia nos muestra que el inicio de toda revolución industrial está marcada por la innovación tecnológica; pero ésta no se presenta de forma espontánea, por el contrario, se requieren una serie de factores contextuales que preparan el terreno para el proceso de revolución científica y tecnológica.

La Industria 4.0, como se le ha hecho llamar al siguiente estadio del avance industrial, no es la excepción a esto. Pues los gobiernos del mundo están planificando una serie de condiciones para evolucionar de la automatización a los sistemas ciber físicos.

La innovación es clave en este proceso de transformación; y será tarea de los gobiernos de incentivar esta actividad en todos los sectores de la sociedad.

Innovación en México

Prestemos atención al Índice de Innovación Global del año 2020. Acorde a sus analíticas, México ha tenido un avance muy lento al pasar del puesto 63 en 2013 al número 56 en 2021.

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En los márgenes latinoamericanos, este crecimiento lo ha ayudado a posicionarse como el segundo país más innovador después de Chile. Sin embargo, en perspectiva con el desempeño entre los miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), su avance es poco, por no decir lamentable.

¿A qué adjudicamos la incapacidad de México de mejora en materia de innovación que posibilite su salto a la Industria 4.0?

Henry Etzkowitz describe que desde hace un par de décadas, México introdujo a sus planes de desarrollo el modelo de la Triple Hélice. El cual propone el establecimiento de vínculos entre el sector académico, el privado y el gobierno; con el objeto de impulsar el crecimiento con base la innovación tecnológica.

La razón que justificaba la adopción de tal modelo era el éxito que tuvo en territorio estadounidense de donde surgió a finales del siglo XX.

No obstante, su traslado a la realidad mexicana en busca de una aplicación exitosa sigue sin brindar los resultados esperados.

Fuente: My Press

¿Qué ha ocurrido entonces?

Pese a la importación del modelo y el intento de adaptación; el problema de los escasos avances no pareciera que yace en la disparidad de los entornos (en este caso entre México y Estado Unidos). Sino en la incapacidad de aplicación del modelo de forma óptima por parte del gobierno, al no entender las condiciones del país y, por ende, no buscar fórmulas alternativas que den solución a sus problemáticas y necesidades.

Ponce Idalia y Güemes David explican que tras realizar un estudio de los factores clave para alcanzar la vinculación de Academia-Gobierno-Industria, proponen que el fracaso de la Triple Hélice en México se encuentra en los cimientos del modelo, al ser necesaria una reestructuración de cada sector.

Desde este momento podemos entender la imposibilidad de consolidación del modelo en un país con una escasa capacidad gubernamental, un sistema educativo arcaico e ineficiente. Y una industria que pareciera buscar sólo la extracción de materia prima y mano de obra barata.

Tales afirmaciones, si bien parecieran exageradas, se aproximan más a la realidad como veremos a continuación.

Tres hélices, tres problemas

La academia, como sector proveedor del capital humano, requiere una alta inversión en áreas de investigación y desarrollo con el objeto de fomentar la innovación, especialmente tecnológica.

Israel y la República de Corea son algunos de los países que han entendido la importancia de este rubro y han apostado por incrementar el porcentaje de PIB que se destina a la investigación.

Alcanzando en el año 2020 el primer y segundo lugar, acorde al Índice de Innovación Global, con un 4.8% y 4.5% del PIB.

Cuando volteamos al caso mexicano, la situación se torna lamentable; pues la inversión del 2020 por parte de gobierno federal a investigación y desarrollo alcanzó la cifra de 0.3% del PIB.

Acorde a Richard Miles, México comparado con el resto de los miembros de la OCDE, encontramos a nuestro país:

“casi al final de la mayoría de las clasificaciones. Ya sea por la cantidad de universidades de primer nivel, la cantidad de dinero gastada en investigación y desarrollo, la cantidad de publicaciones científicas y patentes registradas”. 

A lo anterior, Ponce Idalia y Güemes David proponen que, si bien existe el Sistema Nacional de Investigadores (CONACYT), más allá de fomentar una cultura de la innovación que promueva la creación de patentes, se limita a ofrecer incentivos por la publicación de artículos y libros que elevan el prestigio del investigador.

La situación se torna problemática cuando el perfil de las y los egresados de la educación superior difiere del que requiere el mercado. Pues las instituciones académicas no toman en consideración los requisitos y/o necesidades ni de la industria ni del gobierno para el diseño y operación de los planes de estudio.

Se necesita responder a las exigencias  

En ausencia de las habilidades que demanda el mercado, resultan escasas las industrias del sector privado que generan vínculos con instituciones académicas.

Sin embargo, la inversión del sector privado a investigación y desarrollo no resulta significativa si lo que se busca es generar capital humano para sus empresas. Ya que mientras el sector público aporta 38.5% y el privado contribuye menos del 30% de la inversión total (Sandoval, 2017).

En tales condiciones son cuestionables las exigencias de la industria al no proporcionar un mayor capital a los centros de investigación y universidades para potenciar su crecimiento.

Así como los escasos incentivos a las y los investigadores para generar proyectos innovadores dirigidos a la industria y como respuesta a las problemáticas sociales.

Conclusiones

El modelo de la Triple Hélice, desde su lado teórico, abre las posibilidades de aplicación en cualquier sistema político-económico.

No obstante, la puesta en acción pareciera beneficiar solo a casos excepcionales donde puedan realizarse transformaciones a profundidad en cada uno de los sectores que este modelo implica.

Lo antes descrito debe dar señales de alarma al gobierno federal como el principal promotor de las hélices en México, redirigiendo su visión hacia nuevas opciones.

Como una estructurada política industrial, para fomentar el crecimiento económico en aras de ser un país desarrollado.

Según el Diario Oficial de la Federación (DOF), En el Programa Institucional 2020-2024 del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT) no encontramos sino lo contrario; la propuesta de una Pentahélice que incorpora a la sociedad y al ambiente como nuevos factores del modelo.

No nos resta más que observar cuáles serán los resultados de esta renovación a un ya cuestionado modelo.

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Historiadora y futura internacionalista. Determinada a cumplir mis objetivos y ayudar a las personas a cumplir los suyos. Siempre curiosa de aprender.