“La escuela del mundo” de Salman Khan

Sería un error pensar en regresar al mismo punto que estábamos antes de la pandemia. Esto aplica para cualquier ámbito de la vida. Ahora percibimos el contacto humano desde otra perspectiva; adoptamos hábitos de higiene que deben seguir ahí para siempre. Hemos repensado lo esencial y valoramos la vida y la salud como nunca antes.

La pandemia vino a exhibir, entre otras cosas, lo vulnerables que seguimos siendo a pesar de los grandes avances que hemos tenido como humanidad.

En el caso de la educación sucedió lo mismo. Constatamos, la necesidad que tenemos de actualizarnos como docentes y explorar alternativas a través de nuevas herramientas tecnológicas. Tuvimos que comenzar a movilizarnos y a aprender. Se dejó ver la tremenda brecha tecnológica que tenemos en nuestro país; pero también la gran creatividad y compromiso que caracteriza a la mayoría de las y los docentes de todos lo niveles educativos.

Una revolución educativa que no fue planeada; en pocos meses fue implementada, y no precisamente por los gobiernos, más bien por esfuerzos individuales y colectivos dentro de las escuelas.

Sin duda, hace falta la socialización y el contacto humano que provee el salón de clases, pero podemos decir que la pandemia nos movió de nuestra zona de confort. Nos ha hecho experimentar, intentar y reinventarnos; el profesorado con ingenio, recursos propios, tiempo extra y mucha voluntad, no ha dejado de probar y crear posibilidades para la niñez y la juventud.

Salman Khan

Si alguien sabe de revoluciones educativas es Salman Khan, y de él quiero hablar en esta ocasión. Khan es un fiel creyente de la imperiosa necesidad de proveer a todas y todos una educación gratuita y de calidad a lo largo y ancho del mundo. Esta creencia lo llevó a ser el fundador de la Academia Khan; plataforma que ha roto paradigmas y que lo hizo merecedor del Premio Princesa de Asturias, además de un amplio reconocimiento en todos los rincones del planeta.

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Este personaje formado en el MIT y Harvard, cuestiona la enseñanza tradicional y al aula como la conocemos en su libro La escuela del mundo. Se posiciona contra el modelo de transmisión; donde el objetivo es vaciar en el alumnado -organizado por edad- un currículo estándar, abordado a un mismo ritmo. Khan, por el contrario, impulsa un aula donde los docentes trabajan en equipo y que está integrada por estudiantes de diferentes edades. Porque algo es cierto:

¿quién dijo que teníamos que organizar clases con alumnos por el simple hecho de coincidir en edad?

Hace algunos meses tuve la maravillosa oportunidad de ver El sembrador; un documental que da testimonio del fascinante trabajo del maestro Bartolomé Vázquez en una escuela rural bilingüe multigrado de Chiapas. A partir de esta experiencia sólo puedo coincidir con Salman. Cuando conviven niñas y niños de diferentes edades, cosas maravillosas pueden suceder. Es indispensable pensar los salones como lugares abiertos a la creatividad y que al mismo tiempo promueven el aprendizaje divergente, la autonomía, las habilidades sociales y el pensamiento crítico.

Ideas interesantes y trasgresoras están presentes en el pensamiento de Khan. Cuestiona la permanencia de la estructura del ciclo escolar como lo conocemos, y por supuesto, el rígido modelo de evaluación. Opta por modelos más flexibles donde en lugar de asignar números se documente el logro de propósitos y el desarrollo de habilidades. Khan se inclina también por la construcción de “portafolios creativos” que aglutinen las producciones más importantes que un individuo crea en su paso por los distintos niveles educativos; más o menos como lo que hacen los artistas cuando se presentan como aspirantes a las escuelas y académicas de arte.  

La pandemia, así como Salman, nos hace pensar en otras posibilidades. Porque en educación no todo está dicho, aunque por momentos lo olvidemos. Por desgracia el tiempo pasa y con el tiempo se pierden oportunidades, mismas que no regresan. Aunque las autoridades digan que volvamos a hacer las cosas como antes, no lo hagamos, integremos todo lo que hemos adquirido en estos meses.

Salman Khan y muchas y muchos educadores tenemos la misma preocupación: nos alarma que en este mundo plagado de pobreza, la educación sigue siendo incapaz de disminuir la desigualdad. La educación funciona sólo para unos cuantos mientras que le está fallando a otros tantos, y es inaceptable.

Tenemos que seguir caminando en la búsqueda de esa escuela que Khan plantea como una colmena donde se puede aprender al propio ritmo. En donde se explora el funcionamiento y las maravillas del universo y se dominan conceptos y habilidades, pero también se prepara a la niñez para vivir en un mundo cada vez más complejo.

Mi reconocimiento a todas esa heroínas y héroes docentes que intentan por todos los medios no fallar a su alumnado, que han armando su propia revolución pese a las circunstancias y se abren camino en la búsqueda de la escuela del mundo.

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Soy profesor normalista y economista. Formado en estudios de género. Apasionado de la educación y la cultura. Aprendiz permanente. Me gusta leer, tomar fotos, escuchar podcasts, ver series y películas y correr. Google for Education Trainer.