“La resiliencia no es una característica que la gente tiene o no tiene. Incluye conductas, pensamientos y acciones que pueden ser aprendidas y desarrolladas por cualquier persona.”

EL CAMINO DE LA RESILIENCIA (S/A)

Hablemos de resiliencia, pero antes ¿cuántas veces te has declarado “Ciudadano o Ciudadana del Mundo”? Yo lo hice por primera vez cuando escuché al músico mexicano Armando López Valdivia afirmar que él lo era y, desde ese momento decidí que yo también -se oía tan bonito-; sin embargo, no tenía ni la más remota idea de la enormidad del concepto y mucho menos conocía la responsabilidad que conlleva autodenominarse como un ser cosmopolita y pleno como habitante de nuestra Patria-Tierra.

Con el tiempo, descubrí que, para ser, al menos una ciudadana en toda la extensión de la palabra (tarea casi imposible), debía estudiar, aprender y desaprender, observar mi mundo y también lo externo a él y, lo más importante involucrarme positivamente. ¿Te imaginas? Ciudadana del mundo desde mi diminuta burbuja de desconocimiento y sí, arrogancia. Con el tiempo descubrí que no sabía absolutamente nada de ciudadanía y poco a poco me fui sumergiendo y comencé a comprender que sí, hoy por hoy, me reconozco como tal. 

Emmanuel Kant nos dejó hace más o menos dos siglos tres preguntas clave para, en este caso, ser ciudadanos de la Tierra:

¿Qué saber?, ¿el qué hacer? y ¿qué puedo esperar?

Ser ciudadano y ciudadana es asumir derechos, deberes, responsabilidades. Es, en resumen, ocupar nuestro lugar en el mundo, sin excusas. Es participar, es identificarse como parte activa de la sociedad y pertenecer a ella involucrándonos, participando. ¿En qué momento comienza la ciudadanía? Desde que nacemos, con el primer aliento, pertenecemos a la Patria y lo menos que la madre Tierra requiere de cada persona que la habita, es que sea una pieza importante de ella.

resiliencia
Debashis Biswas – Unsplash

Comenzamos nuestro proceso de formación desde el momento en que, por ejemplo, tomamos consciencia de no tirar basura, no desperdiciar agua y alimentos, seguir las reglas (por cierto, estas son y deben ser para el buen vivir, la buena convivencia). Esta formación, comienza en casa, continúa en la escuela y, en la medida que nuestra altura moral crece, nuestro pensamiento ético está ahí, articulando nuestro pensar, decir y hacer de manera consciente, haciendo que seamos responsables, concretando nuestros deberes ciudadanos y ejerciendo nuestros derechos.

Importante: no quiere decir hacer enormes cosas o, esperar que las hagamos cuando seamos triunfadores y triunfadoras en el sentido del tener; es desde la consciencia del ser, es hacer lo que nos concierne para lograr que este mundo en el universo pueda ser mejor porque hemos habitado aquí y hemos hecho lo que nos corresponde por nosotros y nosotras mismos y por los y las demás. Vivir aquí es un privilegio que vale la pena vivirlo y comprometerse con él.

Ralph Waldo Emerson con su

- Anuncio -

Reír a menudo y mucho; ganar el respeto de gente inteligente y el cariño de los niños, conseguir el aprecio de críticos honestos y aguantar la traición de falsos amigos; apreciar la belleza; encontrar lo mejor en los demás; dejar el mundo un poco mejor, sea con un niño saludable, una huerta o una condición social redimida; saber que por lo menos una vida ha respirado mejor porque tú has vivido. Eso es tener éxito

nos enseña una poética definición de lo que es ser ciudadano(a) y, más aún, sabiendo ser desde la resiliencia.

ciudadanía activa
Jorge Gardner – Unsplash

El “éxito del bueno”, se sustenta en el ser, es ese que nos permite saber que cada día podemos decidir reinventarnos y volver a comenzar a pesar de todo; es ese que alimenta la posibilidad de hacer algo por el bien de las y los demás; es ese que nos brinda la oportunidad de aportar nuestro potencial para formar, para guiar y participar activa y responsablemente en pro de nuestra Patria-Tierra.

Por convicción, por elección, soy profesora y, es desde ahí, desde la certidumbre de que la gente joven vale por sí misma y vale la pena creer en ella y colaborar en su construcción del mundo, soy capaz de trabajar en pro de la ciudadanía resiliente; cuando conecto con mis estudiantes, entonces sé que algo estoy haciendo bien y que si mis palabras les tocan, estaré poniendo mi diminuto granito de arena para formar y educar ciudadanos y ciudadanas activos, comprometidos con su sociedad, con el mundo que habitan y entonces, a través de sus profesiones, serán personas conscientes de la responsabilidad que implica tener el beneficio de una educación que les compromete a ser las y los mejores por y para la gente; entendiendo que del fracaso y los errores se aprende para crecer y hacerlo mejor cada día.

En este mundo cambiante e incierto, ser ciudadanos(as) resilientes, es colaborar en la resignificación de nuestra existencia y de nuestro mundo, siendo capaces de mirar el bien común como una meta a lograr y no como un horizonte y entonces, ¡sí! Ser ciudadanos del mundo.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí