Durante esta cuarentena, seguramente te encontraste en la etapa en la que todas quisimos hacer algo. En la que, como si fuera año nuevo, hicimos “propósitos de cuarentena” y nos propusimos crear algo nuevo, hacer, hacer y hacer…

Incluso hubo mucho dilema respecto a una frase que se puso de moda por redes sociales durante un tiempo: “Si no sales de esta cuarentena con un nuevo negocio, un nuevo libro leído, un nuevo hábito, con kilos menos o algo… Entonces no estás entendiendo nada”.

Como si tuviéramos que rendir cuentas al final para ver quién pudo sobrevivir a esta cuarentena y quién no. Quién sobresalió en cómo vivir una pandemia en su casa, quizá solo, quizá en familia, sin incertidumbre, con suficiente convicción para tocar su lado creativo, inspirarse y lograr cosas nuevas. Sí, todos pasamos por esa “ilusión”.

Y si eres de las mías, o de acuerdo con un estudio de la Organización Mundial de la Salud (OMS), eres como el 70% de la población mundial que experimentó frustración y ansiedad en esta época, también pasaste por una etapa en la que ya no sabías para dónde voltear.

Por un lado, sentías presión de tener todo controlado y seguías en la inercia de “inventarte algo más para seguir sintiéndote productiva”,”para vivir” y por otro, ya no sabías ni qué hacer contigo. Simplemente dejabas pasar los días cargando con una montaña de confusión por dentro sumándole a eso la presión de ver cómo otras personas “lo estaban logrando”, y tú no.

Sí, también pasamos por eso.

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Ahora, después de un tiempo en esta cuarentena, quizá con un poco más de perspectiva, llámalo “experiencia” o incluso resignación si lo deseas, te das cuenta de que lo normal no estaba funcionando.

Que quizá te encontrabas en una rutina que no te gustaba pero que necesitabas seguir sosteniendo para vivir, para “seguir siendo alguien”, para “seguir perteneciendo” en esta ilusión colectiva que hemos creado en la que debes “tener y hacer” para poder ser.

No sé tú, pero después de unos cuantos meses de malabarear con la vida pasada y la nueva que se está formando, quizá podemos sentir un poquito más de claridad y menos presión por encajar en el proceso “correcto” de cómo vivir una cuarentena.

Hoy estamos más listos para ver qué sigue, ¿Tú lo estas?

Para hacer un plan y lograrlo. ¿Por qué? Porque ya pasamos esa cúspide de incertidumbre. Y es cierto que la situación sanitaria, económica y social que estamos atravesando mundialmente todavía no se resuelve, desde luego.

Pero imagina que las etapas de esta cuarentena fueran como estar en el mar. Al principio, la incertidumbre, el cambio de rutina y la presión por tener todo bajo control, el sentimiento de aferrarnos a lo que era y que ya no podrá ser, como estar en la superficie, justo donde rompen las olas. Las probabilidades de que te revolcaran y te encontraras dando vueltas, luchando por poder respirar, pero sólo logrando tomar bocanadas de agua salada y arena, eran muchas.

Ahora, después de “haberle agarrado maña” y haber hecho una tregua con esta situación para poder flotar en la superficie sin ahogarte, puedes aventurarte a ir más profundo. Sumergirte y disfrutar un poco más de lo pacífico y lo claro del agua. Aquí es donde puedes pensar qué quieres, hacia dónde te dirigirás ahora y qué plan quieres seguir para lograrlo.

Y es justo de esta etapa de creación de la que quiero hablar para presentarte la idea de cómo con actos de bondad, puedes no sólo sobrevivir a esta pandemia, sino que podrás lograr todo lo que te propongas de ahora en adelante.

Es importante entonces hacerte la siguiente pregunta:

¿De dónde viene la percepción del mundo que experimentamos?

Percepción - Bondad - Brendan Church - Unsplash
Brendan Church – Unsplash

Esta pregunta es la directriz de una de las corrientes de pensamiento filosófico más antiguas de Asia y del mundo. De generación en generación, grandes pensadores y maestros han buscado resolverla, ya que si entendemos de dónde viene nuestro mundo y cómo nosotros podemos construir la percepción que tenemos de este, entonces no hay obstáculo que nos detenga para crear la vida que tanto anhelamos.

Para explicar el concepto central de esta idea utilizaré otra analogía.

Imagina que sostengo una pluma en mi mano. Me encuentro frente a ti y te pregunto:

  • ¿Qué es eso?
  • “Una pluma”, respondes.
  • Y si un cachorro entra en la habitación y agito este objeto frente a él, ¿qué es?, ¿podríamos decir que un juguete para morder?
  • “Así es”, dices.
  • Entonces ¿quién tiene razón?
  • “Ambos”, comentas. Porque para ti, humano frente a mí, es una pluma y para el cachorro es un juguete para morder.

Bien, si todos los humanos y todos los perros salimos de la habitación y el objeto se queda sobre la mesa, ¿qué es?

Podríamos decir que tiene el potencial de ser algo ¿cierto? En este caso, el objeto está vacío de una naturaleza propia. Es decir, que no es ni pluma ni juguete para morder por sí solo. Pero cuando volvemos a la habitación ¿en qué se convierte? Para nosotros, en una pluma, y para el perro en un juguete para morder.

Esto significa que si ambos tenemos razón, para que la pluma sea pluma o juguete para morder, depende del observador. Depende de quién la esté viendo. Y si profundizamos un poco más, podríamos decir que para que sea una u otra cosa, depende de la imagen mental que tenga cada observador.

Volviendo al mundo de las analogías, digamos que el objeto, en este caso la pluma, es una pantalla en blanco (como las que vemos cuando vamos al cine); y nuestra mente es como el proyector que proyecta la película. Las cosas están vacías de tener una naturaleza propia porque son pantallas en blanco y dependen de las imágenes mentales que les proyectemos. Este es un concepto importantísimo para comprender el porqué tener actos de bondad con los demás. Y pronto verás por qué. Sigue leyendo.

Si entendemos que nuestra mente es el proyector y que las cosas que nos rodean son pantallas en blanco esperando a que nosotros les pongamos las imágenes, entonces la historia de tu vida, de manera general, es como una pantalla en blanco también.

Una pantalla en blanco en la que estás proyectando una historia que puede o puede no gustarte. Si tu caso fuera este último, podrías preguntarte; ¿qué hago si no me gusta? Y así como cuando ves la televisión si una película no te gusta, la cambias. Así te diría que hicieras con tu historia con la película de tu vida.

Si la imagen o la historia que estás proyectando no te gusta, cámbiala. Ahora es importante que entiendas que no se trata de sólo desearlo. No es magia, desde luego. Y por ello necesitamos entender cómo llegó esa historia a tu mente.

Se dice que todo lo que haces, dices y piensas acerca de los demás son las causas para que generes imágenes mentales en las que te ves a ti mismo experimentando cosas buenas o cosas malas. Entonces, en este sentido, cómo tratas, piensas y hablas respecto a quienes te rodean es una pieza fundamental para que puedas o no experimentar una historia de vida que te guste o te disguste. Tú decides.

¡Ahí lo tienes! Si entiendes que tu mundo es el resultado de tus acciones, pensamientos y palabras hacia los demás; te aseguro que de ahora en adelante todo este tiempo que pasas con la familia, haciendo de comer, haciendo favores a tu hermana, evitando criticar al otro e incluso sonreírle a ese jefe que te tiene presionada con tantas juntas por Zoom, cobrará un sentido completamente diferente.

CÓMO TRATAS, PIENSAS Y HABLAS RESPECTO A QUIENES TE RODEAN ES UNA PIEZA FUNDAMENTAL PARA QUE PUEDAS O NO EXPERIMENTAR UNA HISTORIA DE VIDA QUE TE GUSTE O TE DISGUSTE

Pues con cada acto de bondad hacia los demás, no sólo estás siendo bondadoso contigo. Estás creando un futuro que de seguro agradecerás. Estás sembrando las semillas para tener una vida llena felicidad, plenitud y alegría.

Así que esta es mi propuesta: Las pequeñas acciones hacen la diferencia. Recuerda que con cada acto de bondad que hagas, estás creando una historia de vida digna de vivirse. Y qué mejor forma de sobrevivir esta cuarentena que siendo bondadoso contigo y decidiendo vivir feliz de una vez por todas.

¡Inténtalo! Lo peor que puede pasar es que seas una mejor persona, contigo y con los demás.

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